Trabajo, suspiros por los Soviets, e ingeniería social de los poderes

32 Jutiadas

Las sociedades tienden a formarse una imagen idealizada de sí mismas, que les permitirá "seguir su rumbo": identificar y localizar las cicatrices, verrugas y otras imperfecciones que afean su aspecto en el presente, así como hallar un remedio seguro que las cure o las alivie. Ir a trabajar -conseguir empleo, tener un patrón, hacer lo que este considerara útil, por lo que estaría dispuesto a pagar para que el trabajador lo hiciera- era el modo de transformarse en personas decentes para quienes habían sido despojados de la decencia y hasta de la humanidad, cualidades que estaban puestas en duda y debían ser demostradas. Darles trabajo a todos, convertir a todos en trabajadores asalariados, era la fórmula para resolver los problemas que la sociedad pudiera haber sufrido como consecuencia de su imperfección o inmadurez (que se esperaba fuera transitoria).

Ni a la derecha ni a la izquierda del espectro político se cuestionaba el papel histórico del trabajo. La nueva conciencia de vivir en una "sociedad industrial" iba acompañada de una convicción y una seguridad: el número de personas que se transformaban en obreros crecería en forma incontenible, y la sociedad industrial terminaría por convertirse en una suerte de fábrica gigante, donde todos los hombre en buen estado físico trabajarían productivamente. El empleo universal era la meta no alcanzada todavía, pero representaba el modelo del futuro. A la luz de esa meta, estar sin trabajo significaba desocupación, a Anormalidad, la violación a la norma. "A ponerse a trabajar", "Poner a trabajar a la gente": tales eran el par de exhortaciones imperiosas que, se esperaba, pondrían fin al mismo tiempo a problemas personales y males sociales compartidos. Estos modernos eslóganes resonaban por igual en las dos versiones de la modernidad: el capitalismo y el comunismo. El grito de guerra de la oposición al capitalismo inspirada en el marxismo era "El que no trabaja, no come". La visión de una futura sociedad sin clases era la de una sociedad construida, en todos sus aspectos, sobre el modelo de una fábrica. En la era clásica de la moderna sociedad industrial, el trabajo era, al mismo tiempo, el eje de la vida individual y el orden social, así como la garantía de supervivencia ("reproducción sistemática") para la sociedad en su conjunto. (pg. 33)

[...]

Había que buscar otras formas de asegurar la permanencia del esfuerzo en el trabajo, separándolo de cualquier compromiso moral y de las virtudes del trabajo mismo. Y la forma se encontró, tanto en los Estados Unidos como en otras partes, en los "incentivos materiales al trabajo": recompensas a quienes aceptaran obedientes la disciplina de la fábrica y renunciaran a su independencia. Lo que antes se había logrado con sermones -con el agregado o no de la amenaza del palo-, se buscó cada vez más a través de los seductores poderes de una zanahoria. [...]Aquello que a principios de la sociedad industrial había sido un conflicto de poderes, una lucha por la autonomía y la libertad, se transformó gradualmente en la lucha por una porción más grande del excedente. Mientras tanto, se aceptaba tácitamente la estructura de poder existente y su rectificación quedaba eliminada de cualquier programa. [...]La nueva actitud infundió en la mente y las acciones de los modernos productores, no tanto el "espíritu del capitalismo" como la tendencia a medir el valor y la dignidad de los seres humanos en función de las recompensas económicas recibidas. Desplazó también, firme e irreversiblemente, las motivaciones auténticamente humanas -como el ansia de libertad- hacia el mundo del consumo. Y así determinó, en gran medida, la historia posterior de la sociedad moderna, que dejó de ser una comunidad de productores para convertirse en otra de consumidores.

Esta última transformación no se produjo en igual medida ni con las mismas consecuencias en toda la sociedad moderna. Aunque en todos los países avanzados se aplicó una mezcla de coerción y estímulos materiales para imponer la ética del trabajo, los ingredientes se mezclaron en proporciones diferentes. En la versión comunista del mundo moderno, por ejemplo, la apelación al consumidor que se oculta en el productor fue poco sistemática, poco convincente y carente de energía. Por esta y otras razones se profundizó la diferencia entre las dos versiones de la modernidad, y el crecimiento del consumismo que transformó en forma decisiva la vida de Occidente atemorizó al régimen comunista que, tomado por sorpresa, incapaz de actualizarse y más dispuesto que nunca a reducir sus pérdidas, tuvo que admitir su inferioridad y claudicó.
(pag. 40)

Trabajo, consumismo, y nuevos pobres, Zygmunt Bauman.


¡Qué zanahoria tan apetitosa!

Vale de burro (en sentido no-fálico).

"Sobre el anarquismo", Noam Chomski

17 Jutiadas

Es conocido que Keynes oscureció deliberadamente su famosa obra -mítica estos días- Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero para que sus colegas y la anciana institución académica, en general, le reconocieran autoridad intelectual y apropiado nivel científico.

A este propósito, escribe Noam Chomsky en Sobre el anarquismo estas consideraciones que han de espantar tanto al público alfabetizado como al radiante estilo de nuestro mundo. Dice Chomsky: "Es muy natural que los intelectuales intenten que las cosas sencillas parezcan difíciles. Es como cuando la iglesia medieval creaba misterios para preservar su importancia. Lea El gran inquisidor, de Dostovyeski, que lo cuenta de manera muy hermosa. El gran inquisidor explica que es necesario crear misterios, pues, de lo contrario, la gente corriente podría entender las cosas. Hay que mantenerla en un estado de sumisión, para lo cual se precisa que las cosas parezcan misteriosas y complicadas. Ésta es la prueba del intelectual. Además se trata de algo bueno para esta clase de personas: el intelectual es alguien importante que habla con palabras rimbombantes que nadie comprende. A veces, la situación se vuelve cómica, por ejemplo en el discurso posmoderno. En el ambiente parisino, en especial, la situación es de tebeo; quiero decir, que todo es un galimatías. Pero se hincha por demás, con muchas cámaras de televisión y mucha pose. Esa gente se esfuerza por descodificar y ver cuál es el sentido real detrás de ciertas cosas que se podrían explicar a un niño de ocho años. Todo se reduce a una vaciedad. Pero es la manera que tienen los intelectuales contemporáneos, incluidos los de izquierdas, de crearse grandes carreras, conseguir poder, excluir a la gente, intimidarla, etc. En Estados Unidos, por ejemplo, y desde luego, en una gran parte del Tercer Mundo, numerosos activistas radicales se sienten, sencillamente intimidados por el incomprensible galimatías generado por movimientos intelectuales de izquierdas".


Escándalo, es un escándalo...

33 Jutiadas
En otros tiempos solía ser -tengo esa impresión- que ciertos artistas -en su acepción más amplia- se dedicaban a escandalizar a las buenas conciencias, profanando sus recintos sagrados, las herencias decimonónicas, la familia, el matrimonio, la religión, la patria, la ética laboral protestante, subvirtiendo clases, roles, códigos, eurocentrismos. (Pienso, por ejemplo, en Olympia de Manet, con una prostituta como personaje central, o en ¡Gloria y alabanza a ti, Satán, en las alturas/del cielo, donde tú reinaste, y en las profundidades/del infierno, donde, vencido, sueñas en silencio!, o en ¡Que no baile el Papa!/¡No, que no baile el Papa!/Ni el Rey,/ni el millonario de dientes azules, o en los Bathers de Tuke, que sugiere la homosexualidad en demasía, ó...)

Pero en esta etapa de la modernidad, los espacios sagrados son cada vez más reducidos y, salvo por una minoría de espíritus receptivos (cf. "elflachista", en comentarios anteriores; o celotes, fanáticos religiosos, burócratas, partidócratas, etc.), el escándalo parece ser una cosa del pasado. ¿Por qué?

Podría postular, con el menor rigor científico posible, que lo sagrado, en esencia, se ha transferido a un solo sitio: la mercancía. Además, los espacios para que el público se confronte con las contradicciones posiblemente escandalosas de la sociedad son, igualmente, escasos.

Ahora, ¿cómo profanar la mercancía?

***
es posible considerar otras hipótesis, a saber, que no existe un "traslado" de lo sagrado hacia la mercancía, sino una conciencia contemporánea incapaz de escandalizarse. ello ¿qué implicaría?
también es posible que los valores canónicos que se recibieron de la burguesía tradicional hayan sido progresivamente erosionados, dejando sólo un "núcleo" necesario y suficiente para la reproducción de su modelo espiritual. ¿cuál es ese núcleo?

Todo lo consumado en el amor no será nunca gesta de gusanos.

21 Jutiadas



A propósito del amor y de la crisis económica, hablo del amor que tiene fácil la entrada y difícil la salida, si, -del amor para todas las posiciones intermedias-, del amor eterno (mientras dure) de ese amor vertical, del amor extraordinario de Roque, del amor sin brújula y dirección, de los versos sencillos, de los piropos, de las tácticas y de las estrategias, del amor que ama y no se da cuenta que está amando, del corazón de condominio, del amor por debajo de la tierra, del polvo enamorado, del amor de 5000 años, del amor colectivo y del amor circular que es más hermoso que el lineal, del amor que se vive en Wall Stret tras cada caida de la bolsa, del mor que es indiferenete ante el mercado, ante las ofertas, ante la crisis, ante la muerte.

He llegado a día de hoy sin zapatos, pipa y sin sombrero, puedes ver que no estoy armado, que tengo frío y que no estoy dispuesto a morir sin cicatrices, vengo de la casa de la primavera, de la noche; si me preguntan de donde vengo, sin duda, no responderé sucede, diré con voz taciturna: si yo amando he estado.-

Bien sabes, que sos una fiesta en mi ventana, no me pidas que te ame las mil y una noche, déjame que te ame esta noche –no haremos el amor, el nos hará- Dice Galeano que el amor, es una enfermedad de las más jodidas y contagiosas. -estoy desahuciado, en etapa terminal- A los enfermos, cualquiera nos reconoce. Hondas ojeras delatan que jamás dormimos, despabilados noche tras noche por los abrazos, o por la ausencia de los abrazos, y padecemos fiebres devastadoras y sentimos una irresistible necesidad de decir estupideces. (también cumplo con este requisito)

El amor se puede provocar, dejando caer un puñadito de polvo de quereme, como al descuido, en el café o en la sopa o el trago. -o en los libros agregaría, en los libros de la primera planta de una biblioteca- Se puede provocar, pero no se puede impedir. No lo impide el agua bendita, ni lo impide el polvo de hostia; tampoco el diente de ajo sirve para nada. El amor es sordo al Verbo divino y al conjuro de las brujas. No hay decreto de gobierno que pueda con él, ni pócima capaz de evitarlo, aunque las vivanderas pregonen, en lo mercados, infalibles brebajes con garantía y todo. Es que no se puede evitar, aunque te pongas el calzoncillo al revés, aunque lleves la ramita de ruda o la camisa negra (desteñida) SIEMPRE -no hay ojo de venado que pueda, ni alcohol que lo resista-.

¿cómo están sus ojeras, usted qué piensa?

Antonio Machado, el tiempo encarnado

13 Jutiadas

Antonio Machado (1875-1939), gran poeta español que junto a sus contemporáneos franceses y latinoamericanos crearon el camino que la poesía a día de hoy andará. Dueño de una profundidad que llega hasta las últimas entrañas del espíritu, de imágenes que pintan perfecta la España, heredero en este sentido de Góngora encontrando su sucesor en Lorca. Machado, que tomó bien el derrotero sin equívocos, a diferencia de su hermano Manuel. Dueño de una filosofía genialmente estructurada para dialogar con el inconsciente en su maestra estructura del verso.

Dentro de su obra, enmarcada en el modernismo que él mismo rompe, se encuentra un claro predominio de lo personal, de lo íntimo, aspectos que lo dotan de un fuerte lirismo junto a la musicalidad impresa. Este elemento o esta lucha por los sentimientos del hombre que vive o sufre implican un alejamiento de los cánones a los que la poesía de su tiempo se apegaba. Machado fue el poeta modernista que reivindicó el arte el por el hombre dentro de un movimiento que partía del arte por el arte, lo suyo fue buscar el verso que eternizara en el tiempo lo que el hombre, lo que el poeta sufre. No le bastó la forma, que si consiguió como una clara joya para nuestra lengua, nada hubiese significado para él si con eso no consiguiera que la vida y el vivir del ser humano no encarnaran en su poesía que rompe el tiempo.

Para nuestra lectura dejé los Campos de Castilla y dejé Las Soledades y dejé sus Canciones, me evité los Elogios y me fui subjetivamente, en honor al espíritu de su obra, a su poemario “Del Camino”. He de hacer énfasis que está subjetividad que refiero en Machado goza de un carácter universal por ser, al afán del poeta, un aporte hacia el sentir general de la humanidad que no toda sabe eternizar su vivir en el tiempo, encarnar su dolor.

Me permito tomar este poema del poemario referido:

XXI

Daba el reloj las doce... y eran doce
golpes de azada en tierra...

... ¡Mi hora! —grité— ... El silencio
me respondió: —No temas;
tú no verás caer la última gota
que en la clepsidra tiembla.

Dormirás muchas horas todavía
sobre la orilla vieja
y encontrarás una mañana pura
amarrada tu barca a otra ribera

A mi juicio encierra todas las características antes mencionadas, como dice Cortázar nos hace ver ese otro lado de las cosas, ese otro lado oscuro y ese otro lado luminoso, ¿modernista?, escapa a eso, llega a no escribirse así en estos días como llega Baudelaire sin alcanzarse actualmente, será que los poetas olvidan que todo está heredado.

Veamos este otro poema :

XXIX

Arde en tus ojos un misterio, virgen
esquiva y compañera.

No sé si es odio o es amor la lumbre
inagotable de tu aljaba negra.

Conmigo irás mientras proyecte sombra
mi cuerpo y quede a mi sandalia arena.

—¿Eres la sed o el agua en mi camino?
Dime, virgen esquiva y compañera.

Lírico en su sentido más puro: subjetivo. No encontré a Darío en estos lares, Machado se permitió lo que raras veces Lorca, el diario y personal sentir del poeta, aunque ambos asumieron la colectividad de su movimiento literario y de su generación.

Eso es lo que Machado nos enseña, que ningún poeta puede montar a sus hombros la literatura misma si no encarna su vida frente a sus proyectos, si sus proyectos no son la encarnación de su vida, universal y cotidiana. Es más, ni siquiera importan las generaciones ni los movimientos literarios que solo el crítico crea o cree para una mejor organización de la literatura universal. La poesía es vida desde la humanidad, hacia la humanidad.

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XXXVIII

¿Dices que nada se crea?
Alfarero, a tus cacharros.
Haz tu copa y no te importe
si no puedes hacer barro.

XXXVII

¿Dices que nada se crea?
No te importe, con el barro
de la tierra, haz una copa
para que beba tu hermano.

XLIII

Dices que nada se pierde
y acaso dices verdad,
pero todo lo perdemos
y todo nos perderá.

XXVII

¿Dónde está la utilidad
de nuestras utilidades?
Volvamos a la verdad:
vanidad de vanidades.

(PROVERBIOS Y CANTARES)


Je suis marxiste, et vous?

29 Jutiadas



"Quién sabe. Quizás el humano es otra cosa, ni pájaro sin plumas, ni lameculo, ni lobo, ni oficinista, ni animal extraño. Otra cosa, digo, que esto que han hecho de nosotros. Pero para arrancarnos de un solo tajo este rostro perverso habrá que hacer jirones nuestra piel sobre las piedras afiladas de la historia, dinamitar los rascacielos y dar lugar para que ascienda el trigo***, renunciar al infierno y al paraíso sobre la tierra, quemar no pocos folios de códigos hieráticos y desandar.
Y volver a andar.

Por esto, y por otras cosas, hay que hacer una revolución.****

Colectivo Caracol."

Si porque por lo demás o de otra manera está jodido, a saco hay que entrar por los vitrales del bonito sistema, porque verá usted, tras leer este texto, que ciertamente la cosa es un espiral hacia la desesperanza:

PLATICAS CON MI VERDUGO

1

El ser humano

es falible, me confió el verdugo contristado.

Había necesitado trece hachazos

para decapitarme.

2

Hacer política consiste

en elegir entre lo malo y lo peor,

me ilustra mi verdugo. Luego me da tormento

hasta hacerme escupir la última gota

de pesimismo histórico.

3

Modernizarse implica

traicionar nuestra entera identidad

y nadie puede ahorrarse las manos sucias,

susurra mefistofélicamente mi verdugo.

Para bordar la faena añade a la traición

el entusiasmo por la traición

y se regodea chupándose las manos sucias.

Cómo gozan los niños hurgando en cieno.

4

La política es siempre un negocio sucio

masculla mi verdugo.

Los negocios sucios nunca dejan de ser política

replicaría yo si no me custodiase

esta ambigua mordaza.

5

Entre la realpolitik y el kindergarten no media

ni un cabello, me instruye con camaradería mi verdugo.

Para eso es catedrático de Utopismo Científico

con publicaciones en las revistas más importantes del ramo

y muchos congresos mundiales sobre sus anchas espaldas.

6

En ocasiones, para poder trabajar

y más si se trata de la gran empresa

tenemos que tragarnos los principios, remacha mi verdugo

sinceramente cariacontecido y sumergiéndome

la cabeza otra vez

en la bañera llena de excrementos.

7

Los puntos sobre las íes, afirma mi verdugo.

Los signos de interrogación, replico a duras penas

y me enjugo la sangre y el sudor y la mierda.

8

Todas las fuerzas productivas

son también fuerzas destructivas

indisociablemente. ¿Son también todas las fuerzas destructivas

fuerzas productivas indisociablemente?

9

La productividad del sadismo:

no sé si son sus palabras

o las mías. Pero hay que cortar por lo sano lo murmura

él inequívocamente.

10

Sólo un dios puede salvarnos todavía, retumba

desde los bosques la piedad de mi verdugo. Claro que su concepto

de salvación incluye cambiar de automóvil

por lo menos una vez cada dos años.

11

Pero cómo has podido pensar

que podrías morir

que te dejaría morir

Todo torturado es inmortal

y su verdugo sabe que lo sabe

y ambos saben que sobre ese principio último

reposa su vinculación indisoluble.

12

La sangre es muda, por eso

desborda el silencio y rompe los oídos.

Lo peor no son las circunstancias sino

acostumbrarse a ellas.

Jorge Riechmann, El corte bajo la piel.

Así estamos y hay que ser marxista o mejor encaminarnos hacia un un estado más puro: colectivo anarquista. O ser todo aquello que suelte piernas a la esperanza. Yo soy marxista, nosotros somos anarquistas, y usted?


Je ne suis pas marxiste

11 Jutiadas

Je ne suis pas marxiste
Karl Marx

Hasta 1939 era marxista.
Entonces me volví
marxista.

Fui marxista hasta 1956.
Pero los acontecimientos de aquel año
sacudieron muchas de mis certezas
y me volví marxista.

Así las cosas, fui marxista
hasta 1968. La historia universal
me abofeteó de nuevo a conciencia
y en aquel mismo año
me transformé en marxista.

Con todo ello fui marxista
hasta 1989. Para algunos ideólogos,
el final de la historia; para mí el año
en que definitivamente
llegué a ser marxista.

J. Riechmann

[En el 2008, caducó el sistema capitalista.
Al año siguiente, voté por Ávila.]

***

Hay tanto polvo y sustancias alergénicas sobre aquella vieja palabra que no podemos sino pronunciarla en voz baja, con escozor, con cierto sentimiento de culpa: revolución. Tanto vano discurso “revolucionario”, tanta evocación retórica de la revolución, y bajo los adoquines no había arena de playa. (Quizás sí, quizás había arena bajo los adoquines de París y Praga y Tlatelolco, pero fue utilizada en cemento para las vértebras de este o del otro edificio, muy posiblemente una fábrica de armas, un banco, un food court con capacidad para quinientos comensales, todas ellas estructuras respetables que quedarán per secula seculorum como signos indiscutibles de la grandeza del plomo y las papas fritas).

Para nosotros resulta una obviedad necesariamente repetida: la revolución, temblores aparte, sólo puede ser indicada partiendo del mundo en su estado actual, y ese mundo es el proyecto capitalista. Lo que se opone a ello, sin esperanza de conciliación, es el proyecto de autonomía individual y colectiva. Haciendo aquí énfasis sobre “sin esperanza de conciliación”, porque los valores del credo capitalista son antinómicos con la autonomía y la autodeterminación, a saber: maximación del poder, del consumo, del prestigio, expansión ilimitada del dominio racional/tecnocientífico, y un modelo antropológico del hombre que parte de la máxima latina homo lupus homini: el hombre es un lobo para el hombre. Este es el imaginario burgués, sus pedestales, sus aspiraciones últimas que se concretan en el orden social.

Sin embargo, quienes, como nosotros, piensan que un cambio radical en los paradigmas que rigen el mundo es, no sólo posible, sino necesario, están obligados a lidiar con las preguntas que una propuesta tan descabellada y hermosa suscita. ¿Es posible transformar la “naturaleza humana”? ¿La colectivización de los medios de producción no atenta gravemente contra la lógica de Dios o, en su defecto, contra la ciencia que administra sus inversiones terrenales, la economía? ¿Qué método anticonceptivo utiliza Santa Claus? ¿Es posible la democracia directa en sociedades tan complejas, con más de 374 canales por cable y abrelatas de diseños nada despreciables? Sobre todo, ¿qué ocurrirá con mis ahorros y mis pantuflas de fin de semana después de la revolución?*, como apunta el poeta.

Al igual que Gautama el Buda, en su parábola de la casa en llamas, nosotros tenemos poco que decir al respecto, a no ser por cosas de dominio popular: que nos apuntala la tenue certeza de que el humano puede abismarse sobre su espíritu, abrirse al diálogo, a la cooperación, al enigma, a la autodeterminación y renunciar a la explotación y la ignominia, que el coitus interruptus y Santa, que las pantuflas de fin de semana seguirían en su lugar, con la salvedad de que la semana no será la semana, habrá quedado atrás como los aviones a chorro, la cara de Barack o de Fidel o de Tony o de Hugo, el despertar a campanilla, el ajustarse a termómetro y ventosa, la jubilación a patadas en el culo (cuarenta años de fruncir el baste pare que duela menos, pero lo mismo duele, lo mismo la punta del zapato entra cada vez un poco más, a cada patada desfonda un momentito mas el pobre culo del cajero o del subteniente o del profesor de literatura o de la enfermera)**…

Quién sabe. Quizás el humano es otra cosa, ni pájaro sin plumas, ni lameculo, ni lobo, ni oficinista, ni animal extraño. Otra cosa, digo, que esto que han hecho de nosotros. Pero para arrancarnos de un solo tajo este rostro perverso habrá que hacer jirones nuestra piel sobre las piedras afiladas de la historia, dinamitar los rascacielos y dar lugar para que ascienda el trigo***, renunciar al infierno y al paraíso sobre la tierra, quemar no pocos folios de códigos hieráticos y desandar.
Y volver a andar.

Por esto, y por otras cosas, hay que hacer una revolución.****

Colectivo Caracol.



Apuntes.

*traducción libre de una versión inglesa de Parábola de Buda sobre la casa en llamas, Historias de Almanaque, Bertolt Brecht:


Gautama, el Buda, enseñaba la doctrina de la Rueda de los Deseos,
a la que estamos sujetos, y nos aconsejaba
liberarnos de todos los deseos para así,
ya sin pasiones, hundirnos en la Nada, a la que llamaba Nirvana.
Un día sus discípulos le preguntaron:
«¿Cómo es esa Nada, Maestro? Todos quisiéramos
liberarnos de nuestros apetitos, según aconsejas, pero explícanos
si esa Nada en la que entraremos
es algo semejante a esa fusión con todo lo creado
que se siente cuando, al mediodía, yace el cuerpo en el agua,
casi sin pensamientos, indolentemente; o si es como cuando,
apenas ya sin conciencia para cubrirnos con la manta,
nos hundimos de pronto en el sueño; dinos, pues, si se trata
de una Nada buena y alegre o si esa Nada tuya
no es sino una Nada fría, vacía, sin sentido.»
Buda calló largo rato. Luego dijo con indiferencia:
«Ninguna respuesta hay para vuestra pregunta.»
Pero a la noche, cuando se hubieron ido,
Buda, sentado todavía bajo el árbol del pan, a los que no le
habían preguntado
les narró la siguiente parábola:
«No hace mucho vi una casa que ardía. Su techo
era ya pasto de las llamas. Al acercarme advertí
que aún había gente en su interior. Fui a la puerta y les grité
que el techo estaba ardiendo, incitándoles
a que salieran rápidamente.
Pero aquella gente no parecía tener prisa. Uno me preguntó,
mientras el fuego le chamuscaba las cejas,
qué tiempo hacía fuera, si llovía,
si no hacía viento, si existía otra casa,
y otras cosas parecidas. Sin responder,
volví a salir. Esta gente, pensé,
tiene que arder antes que acabe con sus preguntas.
Verdaderamente, amigos,
a quien el suelo no le queme en los pies hasta el punto de
desear gustosamente
cambiarse de sitio, nada tengo que decirle.» Así hablaba
Gautama, el Buda.
Pero también nosotros, que ya no cultivamos el arte de la paciencia
sino, más bien, el arte de la impaciencia;
nosotros, que con consejos de carácter bien terreno
incitamos al hombre a sacudirse sus tormentos; nosotros
pensamos, asimismo, que a quienes,
viendo acercarse ya las escuadrillas de bombarderos del capitalismo,
aún siguen preguntando cómo solucionaremos tal o cual cosa
y qué será de sus huchas y de sus pantalones domingueros
después de una revolución,
a ésos poco tenemos qué decirles.


**Capítulo 71, Rayuela, J. Cortázar

***Aída, fusilemos la noche, Roque Dalton (RD)

****De elefantes hormigas y revoluciones, Sub-Comandante Marcos

*****Saludos a Pericuyo.

*****Dice Elena que dice la Revista de Filosofía de la UCA que caducó el sistema capitalista. Y que los intelectuales de izquierda ya no leen a Marx, ni a Castoriadis.

*******En realidad jamás creí que se tomarían la molestia de leer hasta acá.

********No sé cómo hacer para que sólo se publique un fragmento de la entrada, con un vínculo para el resto.

*********Salud y anarquía.

Vale de revolución....